Mi viaje en Moto

Con el tiempo un motociclista aprende la diferencia entre

conocer el camino” y “respetar el camino”.

 Teresa De Gouveia E.

            Recientemente tuve la necesidad de tomar un servicio de traslado llamado “Moto Taxi”, pues en este ir y venir de aventura organizacional, me coincidieron dos actividades con las cuales me había comprometido; las distancias entre un sitio y el otro a las 4.00 pm, hora de salida de muchas personas, complicaban poder cerrar con calidad la actividad que estaba dejando y estar a tiempo para participar en la siguiente, sin embargo…algo tenía que soltar.

            Cuando inicio un acompañamiento en coaching con una persona que se entrega a la experiencia, antes de que tomen la decisión de dejarse acompañar, las personas pasan por momentos de duda y confrontación, saben que algo tienen que soltar… Como coach comprendo la diferencia entre conocer el proceso de acompañamiento y respetar el camino de tu cliente.

            Qué fácil es juzgar, viendo desde afuera, jamás me hubiese imaginado lo que significa ser motorizado, no como un hobby sino como una profesión, sentí un profundo respeto por ese ser humano que me fue a buscar, me acompañó y me ayudó a llegar a mi destino, como lo hace el coach.

            En el camino iba pensando en lo insensible que había sido, al mirar de forma distinta la labor del motorizado.   El cuidado que tiene para no caer en un hueco, el equilibrio que debe manejar para ir a una alta velocidad y no tocar al carro que tiene al lado, pues un leve desvío puede representar para él, su pasajero y los otros vehículos y personas un cambio de destino.

            Observé la cercanía de la velocidad, la fuerza y la libertad del aire.    Lo invasivo del polvo y la tierra chocando contra mi cuerpo; el esquivo pasar por el lado de un vendedor ambulante en la autopista, sin tropezarlo y la complicidad de sus compañeros de calle para hacerse a un lado y que pueda pasar libremente sin tocarse.    Cuantas heridas, cuanto silencio, cuantas luces…cuantas sombras.

            Así como el motorizado requiere una destreza y un arte para acompañar a su cliente de un punto A a un punto X, el coach profesional debe ser experimentado y sobre todo tener un profundo respeto por el camino que le está mostrando su coachee.

            Me entregué a la experiencia de montarme en la moto.   Allí estaba Luis, esperando a que yo saliera, nos saludamos y le pregunté: -¿en cuanto tiempo estaremos en el sitio de destino?, me dijo que en 15 minutos. Comenzó mi preocupación pues en un vehículo convencional nos tomaría entre 30 y 40 minutos llegar.

            Una vez decidida, lo primero que hago es ponerme el casco, mis lentes y preguntarle a Luis si lo puedo rodear por la cintura, ¿qué hacía con la cartera y de qué forma me podía asegurar a la moto para no caerme? Jejejejej…me dijo: “-el secreto está en las piernas”.

            Fue toda una experiencia, lo primero que asumí fue que era una aventura y debía disfrutarla, claro también era para mí una locura y un gran riesgo.   Mientras vivía la experiencia comencé a apreciar y a reflexionar sobre algunos aspectos que observaba en el camino.   La Resistencia al cambio y al status quo, ese es el mayor reto.    Acercarme y tocar a una persona que no conozco, es mostrar nuestra vulnerabilidad para permitir que otras personas nos ayuden.   Estar dispuestos a asumir retos.

            En los procesos de coaching que he manejado, me meto profundamente en el acompañamiento que le hago a mi cliente o clientes y comprendo la tremenda responsabilidad que tengo al lograr que él o ella puedan encontrar su camino y alcanzar el objetivo que se han trazado, pero sobre todo un profundo respeto por su historia de vida, a su ritmo.   Observo con preocupación que en el ejercicio del coaching se ha proliferado la ligereza en la formación y experimentación, al punto que muchos profesionales una vez que culminan la formación inician la formación de otros, sin haber recorrido ese camino.

            Durante el recorrido comencé a apreciar detalles, como el reconocer al otro, a valorar la experiencia del motorizado, me di cuenta de lo difícil que es y el cuidado que debe tener para proteger a su pasajero, protegerse a sí mismo y evitar perjudicar a otros.   Asumir la misma postura que él ante una curva o en una parada, para mantenernos sin caer.   Requiere de gran habilidad y confianza, competencias que solo las da el tiempo y la experiencia.

            Movilizarnos a lo desconocido no es sencillo, pues nuestras expectativas no nos permiten ir más allá y darnos la oportunidad de vivir las experiencias.   La vida es como esa ruta que hice con la moto y el compañero de viaje que tuve ese día.  La vida tiene riesgos, los asumes o no, ese día aprecié las ventajas de ir rápido y  los peligros también.   En el camino, igual que en la vida encontramos los huecos que nos enseñan a tener precaución para no caer, y si caes poder salir de allí, de la mejor forma y en el menor tiempo posible.

            Con un profundo respeto y agradecimiento a Luis, mi conductor en el camino, por prestarme por unos minutos, maravillosos y eternos, sus ojos, sus emociones y hacer mías sus habilidades.

Teresa De Gouveia E.

Coach Internacional con especialidad en Equipos y Ejecutivos.

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